Las acciones de
capacitación no escapan a esta realidad. El tiempo de pandemia nos lleva a
modificar las modalidades de capacitación, en realidad, acelero un cambio
cultural que se venía dando en las organizaciones, pero que en algunas costaba
mucho, porque es un cambio total de mentalidad y muchas veces no se contaban,
ni cuentan con las herramientas necesarias.
Las respuestas
educativas con modalidad presencial se hacen prácticamente inviable y
necesariamente el espacio virtual toma la primacía para poder darlas. En este
camino, que emprendimos, se hicieron más visible los errores que veníamos
cometiendo en los que hace al diseño de la capacitación, por que
lamentablemente en muchos casos no existía ese diseño, no había el concepto del
diseño o no se entendía, ni valoraba ese trabajo.
Se escucha hoy,
“armemos un videíto”, otro responde “que sea divertido” y así surgen ideas
sueltas, válidas si se encuentran en un diseño educativo, en una planificación
como parte de un recurso pedagógico. El error consiste en pensar que el diseño
solo esta dado por la imagen, el enganche. El diseño, debe siempre ser un
diseño pedagógico que busque cumplir con objetivos concretos, con la adecuada metodología,
dentro de las herramientas pedagógicas disponibles. No es un vídeo la
capacitación, no es el uso del humor como “enganche” o con la idea de que “no
sea aburrido”, sino que ellos deben formar parte de un todo pedagógicamente diseñado
y en busca de un objetivo..
¿Cuál es la
verdadera motivación para capacitarse o para aceptar una capacitación? La clave
está en la tarea y entender la importancia de ella para el desarrollo de
nuestro trabajo, porque en definitiva como dice el gran Oscar Blake, “Si a
alguien le interesa la tarea, le interesa como hacerla” y como hacerla bien. La
principal motivación no está en lo divertido, en lo dinámico, si no en la
utilidad del material que estamos disponibilizando. Vamos a decirlo si quiero
ver un vídeo me voy a youtube, si me quiero divertir miro o escucho un contador
de chistes, pero la idea es que aprenda como puedo hacer mi tarea actual o
futura bien, que desarrolle mis habilidades, aumente mis conocimientos y asuma
conductas que me permitan un mejor desempeño. A eso debe apuntar el diseño de
la capacitación, ese es el fin y, por supuesto, que no ha de faltar el ingenio que permita el
desarrollo de un material útil y pertinente, pero a la vez, lo más
atractivo posible que ayude a aumentar la motivación para el aprendizaje.
Se trata,
entonces, de distinguir entre el medio o recurso y el fin, que son distintos pero que deben estar asociados, de lo contrario, difícilmente
se logren los objetivos buscados.
La verdad que
cuando uno pone lupa sobre como se viene trabajando en algunas organizaciones,
se observa que muchas veces las llamadas “capacitaciones” no son fruto de
análisis y diseño, muchos creen que una capacitación es una presentación, con
una oratoria, mas o menos manejada y con alguna “dinámica divertida” para que “no
se duerman”. La verdad que las supuestas
capacitaciones así armadas no dejan
nada, quizás el recuerdo del juego o si fueron ricas o feas las medialunas.
Esto ocurre
cuando se omite la participación de los profesionales de capacitación o cuando
estos renuncian a su hacer su trabajo bien para “quedar bien” o “para no
molestar” o “para no entorpecer” o cuando “todo es para ayer”, que en la
mayoría de las organizaciones siempre es así. Pero hay algo peor, cuando el área de capacitación
quiere que los indicadores sean rápidamente aumentados en su tablero de
control, el famoso “hacer número”.
Un trabajo
profesional implica, una muy buena indagación
para conocer en profundidad el requerimiento y dar la respuesta educativa
adecuada con los recursos pedagógicos necesarios, dentro de lo disponibles.
Me voy a detener
un poco en el “es para ayer”, un buen profesional busca siempre la manera de
dar respuestas adecuadas, lo más efectivas posibles para los recursos con los
que se cuenta, en ellos no puede excluirse el tiempo, siempre escaso y siempre
necesario, pero también mucho tiempo se pierde al no planificar la capacitación
desde las bases de los proyectos y no es el único recurso que se pierde.
El profesional
al diseñar una capacitación “para ayer”, hará lo imposible para que sea efectiva,
pero dejará en claro que no se puede pedir que esa capacitación tenga el mismo
nivel de diseño, ni la misma eficacia que algo armado con tiempo.
Claramente una
capacitación requiere un profundo trabajo de diseño, las nuevas tecnologías
indican un esfuerzo mayor en el diseño del material, que el invertido en una
capacitación presencial. Un vídeo pedagógico, implica mucho más tiempo que una
simple presentación con frases disparadoras.
La modalidad a distancia requiere mucho más
esfuerzo de diseño, porque este debe contener todo lo que en la oratoria queda
plasmado en una actividad presencial, porque debe darse la oportunidad de la
evaluación al participante, que le permita chequear su entendimiento de los
contenidos. No siempre puede haber actividades “sincrónicas” que podrían
acercarnos a una actividad cuasi presencial. Esta modalidad implica mucho más,
entonces que armar un vídeo o un pdf o una presentación (más allá de usar las
nuevas herramientas que se nos presentan en la web) y subirlo a una plataforma.
Otro punto son
los tiempos, las actividades presenciales pueden ser cuatro, seis u ocho horas
corridas y nos permiten hilar una actividad de manera continua. En la modalidad
a distancia es casi imposible que una persona cumpla estos tiempos dedicados
exclusivamente a la capacitación, por lo cual hay que dividirlos, modularlos y
dar un espacio de varios días para que puedan acceder a cada uno de los módulos
o incluso a completar el curso. Dos son las modalidades para que la persona
pueda acceder a esta información:
a)
Subir a la
plataforma todo el material en un solo momento y que cada uno lo gestione como
le sea más útil, dentro del tiempo establecido.
b) Disponibilizar el material de manera modulada,
con espacios de tiempos definidos en el diseño, por ejemplo una vez por semana, cada quince
días, etc.
Claramente,
queridos amigos, la pandemia no nos puede hacer acelerar de tal manera que la
capacitación pierda efectividad. Hay grandes posibilidades para modernizar los
métodos, pero siempre debe fortalecerse en la esencia de la capacitación con un
diseño que busque alcanzar los objetivos generales, de aplicación y de aprendizaje
– dicho sea de paso nunca debemos omitir de definirlos antes de cualquier otra
acción – de manera efectiva.
No es un vídeo
gracioso, no es una presentación dinámica, no es una buena oratoria, la
capacitación, es un diseño estructurado de manera pedagógica, que da respuesta a
los requerimientos de la organización, buscando modificar competencias
(conocimientos, habilidades y actitudes) que ayuden a las personas a realizar
sus tareas de manera adecuada, de manera eficaz y eficiente. El diseño es el cómo
asociado al porque y el para que las personas deben realizar un proceso de
aprendizaje, sino es una anécdota o un diploma, un número en un tablero sin
valor agregado para la organización. Los
profesionales de la capacitación, tenemos la obligación de poner todo lo que esté
a nuestro alcance para la profesionalización de nuestro rol, en beneficio de
las personas y del negocio de la organización. No nos olvidemos nunca que un
trabajo bien diseñado y armado es una inversión que ahorra muchísimos recursos,
de lo contrario tendrán razón aquellos que los llaman “gasto”.
En la tiniebla
de la pandemia, debemos ver la luz y la oportunidad del progreso verdadero y valorización de nuestro trabajo como profesionales de la capacitación.
Lic. Marcelo
Eduardo Grecco
30 de mayo de
2020 (actualizado 30 de mayo de 2021)