jueves, 30 de julio de 2020

Humildad, Prudencia y Templanza, Virtudes Esenciales del Liderazgo

Los encargados de gestionar deben cultivar siempre algunas virtudes esenciales que, en momentos como los que estamos viviendo a nivel mundial, se hacen imprescindibles. Hoy hay que tomar decisiones cada día, cada hora y cada minuto, decisiones que no pueden tomarse a tontas y locas, que ameritan un análisis profundo. Todo nos dice que en estas horas hay muchos que deben tomar decisiones dolorosas y muy terribles, en este sentido no hablamos tan solo de gobernantes, sino también de aquellos que conducen todo tipo de organizaciones en el entramado de la sociedad.
La primera virtud que es absolutamente necesaria en un buen gestionador, y que este debe cultivar y ejecutar de manera especial en momentos de crisis, es la humildad. Aquella virtud por la cual el hombre reconoce sus debilidades y sus fortalezas, busca ayuda en las primeras y pone al servicio las segundas. Un gesto de humildad es saber escuchar, no para hacer lo que le dicen así nomas, sino debe saber ponderar las ideas de los otros y generar quizás alguna decisión mucho más rica y efectiva, que la que tomaría con su sola mirada.
La segunda virtud es la virtud de la prudencia, que es una virtud que nos ayuda a distinguir y discernir los acontecimientos que influyen de tal manera de la actividad cotidiana de la organización que ameritan la toma de decisiones nuevas. Por medio de esta virtud se analizan con inteligencia las consecuencias deseadas y no deseadas de cada una de las alternativas para afrontar esos acontecimientos. Las decisiones se toman con mayor sabiduría, evitando hacerlo atontadamente y con consecuencias no analizadas. Un proceso decisorio bajo esta virtud es un proceso donde son consideradas todas y cada una de las opciones disponibles y se elige la que se considere mejor, o sea la menos perjudicial para varios factores, esto no implica que no se tomen decisiones que no agradan ni a quien las toma, ni a quienes sufren las consecuencias negativas de la misma. Esta virtud va acompañada de la virtud de la fortaleza que es la virtud que permite actuar con firmeza y vigor que permite evitar el temor que paraliza, no debe confundirse fortaleza con soberbia, ni firmeza con despotismo.
La última virtud que trataremos en esta reflexión es la virtud de la templanza, una virtud fundamental en tiempos de zozobra, ya que ella nos permite actuar con moderación. Modera las pasiones o emociones, la modera no las esconde, ayuda a que la voluntad tenga dominio sobre esas emociones, nos ayuda a mantener la calma frente a la adversidad y al moderar las emociones nos ayudan a decidir con prudencia, aún cuando haya que tomar decisiones rápidas y urgentes. También acompaña a esta virtud la fortaleza.
En horas en que debemos templar el espíritu para no caer en la paranoia o en la desidia y el ya famoso “no me importa nada” poniendo en riesgo no solo nuestra vida, si no la de muchos otros, en momentos de turbulencia económica, en situaciones donde muchos han de tener que tomar decisiones dolorosas y quizás terribles para muchos, si están no se hacen con templanza, prudencia y fortaleza se podrán tomar decisiones que causen un daño totalmente evitable o un daño mayor.
No es esta reflexión que surge con la pandemia exclusiva para ella, si no que es clave para aquel que gestione y que pretenda ser un líder. Porque, querido lector, no hay un verdadero liderazgo en aquel que no cultive estas virtudes esenciales que le ayuden a templar su espíritu y a tomar prudentes y seguras decisiones, quizás no las mejores, pero tampoco las peores. Decisiones pensadas, meditadas, rumiadas y con un solo objetivo elegir la mejor opción que se presenta ante cada situación, en especial en los momentos más turbulentos que sin estas virtudes pueden tomarse decisiones terribles.
Lic. Marcelo Eduardo Grecco
31-03-2020

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