Por eso todo el
entramado social debe comprometerse seriamente en este tema, todos los agentes
educativos, no solo las instituciones de Educación Formal, también la familia,
primer lugar de formación del carácter y de valores, los medios, las
asociaciones intermedias y el estado que de alguna manera influye a partir de
sus políticas y no olvidemos al mismo mundo del trabajo que participa con sus políticas
y acciones organizacionales hacia adentro y a hacia afuera y estas son sumamente
importante, porque si bien afectan a sus colaboradores, se extienden a sus
familias.
Según están dadas las condiciones de la
Seguridad Social, por ahora, una persona que comienza su trabajo al salir del
secundario, tiene una vida laboral aproximadamente de 47 años, suponiendo que
no entre en plazos de “paro”. En esos 47 años pasa, al menos, 40 hs. semanales en el ámbito
laboral, interrelacionándose con otras personas con distintas responsabilidades
(niveles jerárquicos), con edades diversas, historias diferentes, gustos y caracteres
distintos, con perspectivas de la vida distintas y no siempre con valores éticos
compartidos. Hoy me podrán discutir que con la nueva perspectiva de Home Office
no son tantas las horas en la oficina, sin embargo, creo que aunque no estemos
físicamente, seguimos conectados con el ámbito laboral a veces hasta más horas
y, sin duda estas condiciones hacen más necesarias las características no
técnicas. La vida de las personas se vive en el ámbito laboral, más que en el
ámbito familiar y social. Esto nos lleva a pensar que la educación para el
mundo del trabajo no debe estar escindida de la formación integral de la
persona.
De esta manera todo lo que enseñamos va a
tener una influencia en el mundo laboral. Por eso es común escuchar quejas
sobre algunos colaboradores que son distintos a como se era, una generación no
es igual a la otra y un empleado de la misma generación tampoco es igual a
otro. Entender que la formación que se recibe impacta es absolutamente
necesario para quien tiene responsabilidad. Me gusta preguntarles a
supervisores quejosos de las nuevas generaciones sobre cómo han formado a sus
hijos y partiendo de ahí trato de ayudarlos a entender muchas de las cosas de
las que se quejan. La idea es que en lugar del juicio toxico, se permitan analizar
la forma de acompañar y guiar a las personas para un mejor desempeño.
Claramente
debemos prepararnos, porque las nuevas generaciones no somos nosotros, no son
nuestros padres, son ellos y traen consigo toda la educación que
recibieron o de la que carecieron.
Tienen una
relación distinta con el trabajo, con las reglas que lo rigen, la definición de
su compromiso podrá ser muy distinta a la nuestra. Viendo futbol con mi padre
ya mayor, él ve con asombro como los jugadores viven poniendo en duda las
decisiones del árbitro, cuando estas le perjudican, no era así en otro tiempo y
esto es fruto de la educación que la sociedad en su conjunto ha venido dando,
debo decir que tengo por cierto mi opinión sobre el particular pero no es este
el lugar para analizarla, lo que quiero aquí verter es la necesidad de
comprender que las acciones educativas y formativas tienen su impacto en toda
la vida social.
Por
eso es necesario indagar para comprender y poder generar las acciones que
permitan desarrollarse a las personas, a la vez que alcanzar los objetivos
fijados en el ámbito laboral, esto es que las personas crezcan como tales y que
alcanzar los objetivos organizacionales, dicho en criollo que el trabajo se
haga con eficiencia.
Es, sin duda, un
enorme desafío para las organizaciones en general y para los que tienen
personal a su cargo en particular, pero es mucho mayor desafío para toda la
sociedad y para todos los agentes educativos que deberán replantearse su aporte
a la formación integral.
Quizás
sería muy importante replantearnos la curricula, las políticas en general, las
reglas (si las hay) familiares, los valores promovidos desde los distintos ámbitos
y tantas cosas que nos permitan saber si estamos por el buen camino o
necesitamos ajustarlos. Pensando en el futuro, sin descartar lo pasado por el
solo hecho de ser "viejo" (hoy es tan común la cultura del descarte
de lo "viejo", el término "atrasa" se convirtió en un
término para no fundamentar el descarte), pero por encima de todo pensando en
aquellos que serán los futuros "sujetos" del ámbito del trabajo y
forjadores de la sociedad. Estos "sujetos" no son robots a los que
hay que programar técnicamente, son personas a los que hay que formar
integralmente desde la educación para la vida, donde el trabajo es un punto
central.
Quizás
no opines lo mismo y eso es también parte de esta página en la que queremos que
todas las opiniones se oigan, quedamos a la espera de tus comentarios-
Lic.
Marcelo E. Grecco
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