miércoles, 26 de febrero de 2025

Algunos Apuntes Sobre la Toma de Decisiones

 


Uno de los mayores desafíos en los puestos de liderazgo, es la toma de decisiones. La toma de decisiones es permanente y excede casi siempre los límites burocráticos de la organización e implican también, de acuerdo con el puesto que se ostente, los pequeños actos personales que tienen repercusión en la organización y fuera de ella. Si, cuanto más importante es el puesto que se ocupe, mucho más expuestas están las acciones, aún las más personales, que son consecuencia de las decisiones.

Cada acción, cada palabra, cada gesto, en definitiva, cada decisión hecha acción tiene una consecuencia, que puede ser querida o no querida. Esto ha tenido una potencialidad extrema en la participación en las redes, donde quedamos aún más expuestos, lo que publicamos pasa a ser del dominio público, más allá de los condicionamientos éticos y legales.

Justamente por esto, cada decisión no puede ser tomada sin una profunda meditación, donde sea sopesada toda la información (datos en contexto) y las consecuencias posibles de esa acción, palabra, gesto, publicación, posteo, “reacción” en redes.  Solo después de sopesar y evaluar todo bien, se debe tomar la decisión y ejecutar la acción. Viene a mi memoria un recuerdo permanente de mi padre, quien tenía un jefe al admiraba, uno de los más altos responsables de la organización en la Argentina. Este le enseño que cuando le pedían una firma con demasiada urgencia, ponía esos papeles al final de la fila para poder analizarlos al detalle, era una buena manera de no actuar reactivamente, sino tomar decisiones de manera responsable.

Un buen ejercicio del liderazgo supone que la toma de decisiones no este fundada solo en la emocionalidad, sino que haya un equilibrio con lo racional.

Cuanto más alto en la pirámide se ubique el puesto, mayor será la responsabilidad y como consecuencia de esto mayor la exposición, por lo tanto, las acciones públicas y privadas, serán cada vez más visibles y expuestas a más gente. Si además ese puesto, por su naturaleza, tiene además una influencia, mayor será el recaudo que se debe tener, al momento de tomar cada decisión sobre la acción en la vida privada y pública, debemos reconocer que en algunos puestos de “poder” o, mejor dicho, de autoridad la privacidad ya no existe o queda reducida a un lugar muy pequeño de la vida. En esta época esto es particularmente más complejo, dado los canales de difusión.

El mayor cuidado son las decisiones comunicacionales que tomemos, cuidando el discurso y evaluando con profundidad que, como y a quien comunicamos. Sobre todo, y lo más importante, la coherencia entre lo que hacemos y comunicamos. Tomemos, por ejemplo, un empresario que no tuvo empacho al hablar de los éxitos gubernamentales sobre la economía y a las pocas semanas tuvo que despedir masivamente a empleados de algunas de las plantas, debido a la situación económica, provocando un masivo desempleo en algunas ciudades, con la justa reacción de los trabajadores y esos pueblos. ¿Hubiese sido mejor, más allá de su legítimo derecho a creer lo que decía, no expresarlo con tanto ahínco, esperando un mayor tiempo para hacer pública su opinión?

 En estos últimos tiempos hemos visto el impacto de las acciones en las redes sociales, donde esta semana estamos siendo testigos de sus consecuencias, huelgan las palabras al respecto.

Pero si la toma de decisiones es importante, en aquellos que ostentan puestos de liderazgo privados o públicos, no menos importante es la reacción frente a sus consecuencias, queridas o no. Hay dos lugares posibles y solo uno es el correcto. La posición de “victima”, donde siempre se encuentra excusas y uno o varios culpables que nos llevaron a tomar la decisión, como si la decisión final nunca hubiese sido nuestra o no tuviésemos ninguna responsabilidad en ello. Esta postura, es la más común, lamentablemente, y la más perversa para nosotros mismos, porque como dice Kofman, es la que denota la mayor impotencia de la persona y yo agregaría, la que pone de manifiesto la incompetencia, de quien debe gestionar, en la toma de decisiones, a la vez que demuestra perdida de ese equilibrio entre lo emocional y lo racional.

La segunda, por supuesto, es la de “protagonista” y es la única correcta. Aquí no hay excusas, en tal caso hay disculpas y asunción de la responsabilidad. “No evalúe correctamente todas las variables”; “Tome una decisión equivocada”; “Tuve exceso de confianza”, son algunas respuestas válidas de un protagonista, pero no se desliga de la responsabilidad de la decisión tomada y esto es importante, por que en definitiva muchos serán los caminos que nos llevan a la decisión final. Frente al interrogante de cual tomar y cual ha de ser el destino final, estamos solos y somos nosotros los únicos que podemos tomar la decisión y siempre esa decisión es nuestra.

Aprovechemos para preguntarnos como tomamos las decisiones en la vida personal y en la organizacional y si nos hacemos cargo de ellas.

Por último, recordemos el tema de las redes y medios de comunicación: Cuando tocamos “Enviar”, salió absolutamente de nuestro dominio…

Lic. Marcelo Eduardo Grecco

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