Nos queda complementar el proceso comunicacional
hablando primero del código y luego de la retroalimentación o feedback.
El Código
Una vez elegido el canal, debiéramos tener especial
cuidado al elegir el código.
¿Que debemos
tener cuenta?
1 Que el código sea conocido
2 Que no pueda ser interpretado en un sentido distinto
al que queremos darle
3 Que sea adecuado al contexto en el que se desarrolla
la conversación
4 Que no dañe directa o indirectamente a nuestro
interlocutor.
Que el código sea conocido: Muchas veces
damos por sentado el conocimiento de términos por nuestros interlocutores. Lo
vemos mucho en el mundo de las conferencias o cursos relacionados con el
trabajo, donde parece que muchos oradores no encuentran mejor forma de
engalanar su discurso utilizando palabras en inglés, infiriendo que todos los
oyentes conocen el significado de esos términos. También se observa en los
profesionales, por ejemplo los médicos cuando deben hablar con un paciente o
con sus familiares, aunque debo decir que son muchos los que se esmeran en
hacerse entendible al momento de dar diagnósticos y que incluso se ayudan con
gráficos, este ejemplo nos muestra lo que debiéramos realizar, esto es que no
descartar de plano el código, sino explicarlo para que pueda ser bien
interpretado.
Que no pueda ser interpretado en un sentido distinto
al que queremos darle: Hay términos que poseen variedad de significados, por
otro lado hay significados “regionales” de una palabra, algunos se aclaran por sí
mismo en el contexto de la comunicación, pero hay otros que pueden resultar
ambivalentes y entonces debemos dejar bien claro a que no referimos. Por otro
lado si vamos a algún lugar donde ese código puede incluso ser interpretado
como un insulto o una mala palabra, aunque en el párrafo se aclare, conviene no
usarlo ya que perturba la atención y desvía el contenido del mensaje, en este
sentido hoy en una sociedad “erotizada” se produce el hecho de tener que pensar
dos veces la palabra que usaremos para que no sea tomada en doble sentido que
desvíe la conversación. No duden en hacer todas las aclaraciones que crean
necesarias para evitar malas interpretaciones. Veremos más adelante el tema de
la retroalimentación.
Que sea adecuado al contexto en el que se desarrolla
la conversación: Hay palabras que uno puede usar en medio de una charla
jocosa con amigos, sin embargo quizás deba callarlas en un intercambio fuerte
de ideas, o discusión con esos amigos. No es lo mismo preguntar el nombre de un
familiar, utilizando el verbo en pasado que en presente, cuando este está bien
que cuando está en un estado de enfermedad terminal. “¿Cómo se llamaba tu
hermano?” no es lo mismo que “¿Cómo se llama tu hermano?”. Como otro ejemplo, podemos decir que no es lo
mismo ciertos emoticones de besos cuando uno mantiene un dialogo coloquial con
un amigo que cuando lo hace con una persona con la que se esta intentando
salir.
Que no dañe directa o indirectamente a nuestro
interlocutor: Cuando uno entabla una comunicación entiende que desea
no dañar al otro, sino sería imposible lograr la comunicación. Al elegir el
código para expresar lo que quiero debo tener mucho cuidado de no dañar al
otro, a veces una hermosa palabra provoca igual el daño, no necesariamente
debemos pensar en un insulto y a veces las palabras terminadas en “udo” y que
son conocidas por muchos y utilizadas en términos amistosos no hacen ningún
daño, igualmente no en todos los casos, ciertamente hay personas más sensibles
que otras.
Hay mensajes que siempre dañan, el tema pasa entonces
por el elegir el código que menor daño haga. Pienso en un médico que debe dar
la noticia del fallecimiento a los familiares… ¿Nunca han escuchado a algún
familiar quejarse de cómo le dijeron?: “¡Es una bestia!”, yo lo escuche en más
de una oportunidad, cuando no tuvieron reparos y contención y solo se dedicaron
al trámite burocrático. El problema no paso por aquello que era irremediable,
sino que surge a partir del como se lo dijeron. Vaya otro ejemplo, la ruptura de una relación,
ya sea de amistad o de noviazgo: ¿Cuántas veces duele más él como se dijo que
una relación terminaba, que la finalización de la misma?
Una vez más los invito a comentar en el blog, ejemplos
de situaciones que pudieran haberles pasado o que se imaginan que pueden utilizarse
de ejemplo.
La Retroalimentación o Feedback
Se dice que no existe la no comunicación, pero también
se afirma que no puede haber comunicación sin una respuesta, en caso de no
tenerla estaríamos emitiendo un mensaje sin saber si la otra persona lo ha
recibido y como ha sido interpretado. A veces y no siempre esa falta de
respuesta es toda una respuesta en sí misma, sin embargo si inferimos que el
silencio (sobre todo en la comunicación no presencial) es una respuesta podemos
estar cometiendo grandes errores con consecuencias en algunos casos terribles. Hoy los medios con los que nos comunicamos son
verdaderamente un arma de doble filo y
muchas veces pervierten la comunicación.
Entonces algunas cosas a tener en cuenta:
- La respuesta
puede ser una palabra o un gesto en la comunicación cara a cara, por eso
hay que estar atento a la otra persona en su integridad hay que escuchar
con los oídos, pero también con la vista…
- Podemos
mal interpretar la respuesta, por lo que debemos preguntar; chequear que
el mensaje haya sido interpretado de la forma en que nosotros estimamos o
queríamos emitirlo. Un profesional amigo me enseño que esto se llama para
algunos autores “Chequeo de entendimiento”
- Un
silencio en una comunicación escrita no siempre es una respuesta final o
válida. Puede que el mensaje no se haya leído o que si se leyó, se hizo en
un momento donde no se puede responder. Los watsap son hoy muestra de
esto, ahora nos indica que la otra persona recibió y leyó el mensaje, pero
no tiene la capacidad para decirnos que está haciendo y si no nos contesta
al segundo es porque quizás no puede hacerlo, por otro lado tal vez lo
hizo y simplemente no nos conectamos a internet y la respuesta no llego.
También el re chequeo es válido: pasado el tiempo propicio “recibiste el
mensaje”
- A veces
hay respuestas que no se nos dan en persona y en palabras, sino en hechos.
Recuerdo una carta enviada a un alto dignatario eclesiástico y de la cual
no recibí respuesta personal (algo extraño en su persona) pero si hubo una
respuesta concreta en que lo que le pedía fue autorizado y puesto en
marcha.
Culminemos
esta serie de post que nos introducen en las reflexiones sobre la comunicación,
destacando que cuanto mayor sea la eficiencia que deseamos tenga el mensaje,
cuanto más deseemos que el mensaje no tenga una mala interpretación, cuanto
mayor relevancia o importancia debemos ser precisos a la hora de analizar el
cómo hacemos visible ese mensaje. Recordemos que el “que” es entendido,
asimilado, rechazado o abrazado mediante el “como”.
Como siempre
te invito a que puedas poner tus comentarios, sugerencias, anécdotas, disensos,
etc.
Lic. Marcelo
Eduardo Grecco
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