En nuestro post anterior,
veníamos viendo las acciones que un líder debe realizar al momento de
comunicarse con sus liderados, de modo de que la comunicación sea eficaz.
Recordando que la eficacia de la comunicación está basada en que el mensaje sea
comprendido en el sentido que le dio el emisor y no en el acuerdo final con el
mensaje del receptor.
Ciertamente que la comunicación sea eficaz
tiene como objetivo primario que el mensaje sea entendido, luego vendrá que ese
mensaje sea aceptado y de él se obtengan los resultados esperados, para eso habrá
que aumentar en el grado de la eficacia,
pero no podemos olvidar que contamos con un desafío, la comunicación se da
entre personas y las personas tienen inteligencia y voluntad, capacidad de
conocer y de amar, por ello es que frente a los desacuerdos deberemos utilizar
otra importante herramienta del liderazgo que es la negociación, tema que algún
día tocaremos.
Hemos hablado de que el líder debe:
·
Brindar información necesaria para el desarrollo
de las tareas
·
Escuchar Activamente
·
Dar instrucciones asertivamente
Hablemos ahora de:
·
Evaluar
propuestas y dar respuestas a las mismas
·
Interesarse por los problemas de su gente,
conocerlos y aportar ideas o brindar soluciones a su alcance
·
No tener miedo a los NO, que a veces son
necesarios
Evaluar propuestas y dar respuestas a las mismas
Cuando un colaborador, un par o
un superior nos hace una propuesta, espera de nosotros una respuesta, pero no
una respuesta espasmódica, sino una respuesta meditada, estudiada, analizada,
fundamentada, más allá de que sea positiva o negativa.
Pensemos en cada uno de nosotros
y las propuestas que hemos presentado en nuestra vida, la frustración,
angustia, desilusión que sentimos cuando no obtuvimos respuesta, como nos
sentimos desvalorizados con esa ignorancia de la propuesta, o cuando es
desestimada sin ningún fundamento.
Es probable que nos agarre el bajón
si nos rechazan una propuesta, pero frente a un fundamento que nos permita
tener elementos sólidos para realizar un aprendizaje, nuestra actitud será
distinta. Si esto nos pasa a nosotros, estemos seguros que es lo que necesitan
también los otros cuando nos presentan propuestas frente a los desafíos
laborales que tenemos cada día, por eso el líder debe responder con claridad,
con fundamento, con certeza cada una de las propuestas que recibe y si son
validas ponerlas en práctica, esto ayudará a despertar a esa amiga que tiene el
hombre frente a los desafíos, que se llama motivación.
Interesarse por los problemas
de su gente, conocerlos y aportar ideas o brindar soluciones a su alcance
Suele escucharse, aunque cada vez
menos, que las personas deben colgar sus problemas personales en un perchero
imaginario en la puerta de la empresa, esto es lisa y llanamente una utopía,
por no decir una gran mentira. Las personas son únicas e irrepetibles y no
pueden, salvo alguna patología, doblarse de tal manera que sus conflictos, dificultades, nostalgias,
etc., queden retraídas durante el trabajo y no afecten. Todos sabemos por
experiencia propia que no es así, como tampoco lo es al revés, no colgamos el
trabajo en la puerta de nuestra casa, es cierto que tratamos de distraernos en
nuestra vida civil, por decirlo de alguna manera, pero frente a una presión, a
un trabajo específico, a un mal clima va a afectar nuestra vida en general.
¿Nunca soñaste con el trabajo?
Bien un jefe debe lograr
resultados a través de su gente, un líder no olvida nunca que sus liderados son
personas y más allá de la búsqueda de resultados que son necesarios para
alcanzar los objetivos, para llegar a ese lugar que no se animan a llegar
solos, interesa la persona en su dignidad, en su integridad, en su ser, que
trasciende el mero hecho de lo laboral. Aquí hay una diferencia sustancial
entre jefatura y liderazgo, la relación jefe – empleado culmina en el ámbito
organizacional, la relación líder-liderado la excede, la supera, la eleva a una
relación persona –persona, dejando huella y huella profunda que seguirá
presente más allá de la relación laboral, aún sin una vida social en común.
El líder no solo escucha los
problemas del otro, sino que guía, cuestiona, auxilia al liderado en la busca
de soluciones, no los resuelve, sino ayuda a resolverlo y brinda todas las
herramientas a su alcance. No es solo un saber o interesarse en los problemas
del otro, sino que se involucra activamente poniendo todos los recursos
disponibles a disposición del liderado.
Ciertamente el líder muchas veces
no tiene los recursos o para mejor decirlo está limitado por reglas
organizacionales, legales, etc. y no puede brindar respuestas satisfactorias,
entonces aquí asertivamente debe con franqueza exponer la situación y ayudar a
tomar la mejor decisión posible. Pongamos por caso alguna situación donde la
persona debe dejar de trabajar por un tiempo que exceda todas las licencias legalmente establecidas legalmente
y aquellas que “extraordinariamente” se puedan conseguir, el líder deberá exponer
con claridad el tema y permitir que la persona decida realmente que quiere
hacer.
Este involucramiento, esta unión
con los liderados, realmente hacen posible y mejoran la comunicación, la
conexión, por llamarlo de algún modo, permite la confianza y el entendimiento
más completo de las personas, por tanto el conocerse abre un camino a
entenderse, a tolerarse, a valorarse y por sobre todo a la empatía, a entender
la verdad profunda del mensaje.
No tener miedo a los NO
Las respuestas son verdaderamente
un vínculo de unión, las respuestas son fuentes de motivación o ayudan a tomar
decisiones más profundas, queridas o no.
Decíamos antes hablando de las
propuestas, que una respuesta no puede ser espasmódica, tampoco para los
pedidos, en ambos casos la respuesta debe tener una fundamentación solida.
Los niveles de jefaturas, suelen
tener miedo de dar una respuesta negativa y suelen extender interminable e injustificadamente, cuando solo cabe un no.
Muchas veces esta falta de respuesta o este tirar la pelota para arriba, tiene
claramente el objetivo de no hacerse responsable de la respuesta negativa y de
buscar un chivo expiatorio, casi siempre un superior o alguien de otra área
para que sea presentado como el responsable del NO.
En cambio el líder no dilata
innecesariamente una respuesta y cuando debe posponerla expone las razones de
la demora. El líder, que pretende ser tal, sabe expresar en tiempo y en forma
asertiva sus No, justificándolos.
La demora de un no, el regateo de
una respuesta o una respuesta tacita con el silencio que no afirma nada,
desgasta la confianza, desune y fundamentalmente corta e interfiere fuertemente
en la comunicación.
Saber decir no en tiempo y
asertivamente, ayuda profundamente a mantener una comunicación fluida, abierta,
solida, eficaz.
Como siempre aguardamos tus
comentarios.
Lic. Marcelo Grecco
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