La palabra inferir, según el diccionario de la Real Academia nos dice en su primer acepción que es “Sacar una consecuencia o deducir algo de otra cosa” y en su tercera acepción “producir o causar ofensas, agravios, heridas, etc.”.
Las inferencias son aquellas novelas que nos armamos con un par de datos, con el título de la película o del libro, sin ni siquiera ojear el prologo, el estudio preliminar o la crítica de la pagina de espectáculos. Au...nque también habiendo hecho estas cosas no podemos definir plenamente un juicio sin ver la película completa, solo lo haremos sobre la temática y quizás descartemos algo que nos gustará, y mucho, solo con unos datos.
Lo grave es que con las inferencias y las novelas que nos armamos en nuestra cabeza, producimos daño, agraviamos, herimos, difamamos, matamos sin disparar un solo tiro, sin clavar un solo puñal.
¿Saben a quién perjudicamos más? A nosotros mismos, porque nos lastimamos a nosotros mismos, nos armamos cada tormenta en nuestra cabeza y sufrimos tanto y muchas veces al balde, porque no siempre lo que inferimos es lo que sucede, muchas veces solo acertamos un mínimo porcentaje y el resto fue pura imaginación.
La injusticia que cometemos con las inferencias pueden ser atroz, pueden causar mucho daño, pueden incluso negar una posibilidad de progreso a una persona.
En la gestión diaria, en la vida diaria, en las relaciones humanas las inferencias están permanentemente y con ellas el dolor, la angustia, las heridas, las injusticias, los nervios, las depresiones, los llantos….
Las inferencias son parte natural de nuestro ser, pero si no las manejamos ellas pueden matar y matarnos. Si no hacemos un control racional, si no nos las corremos a un costado y dejamos que nos sorprendan, aunque a veces confirmemos con dolor lo que inferimos, sufriremos demasiado y haremos sufrir por injusticias que hemos cometido en nuestros pensamientos.
Demos una oportunidad y no nos preocupemos hoy si mañana nos haremos malasangre, quizás el dolor no llegue y por el contrario si el festejo.
No crean que quien escribe esto está exento y libre de las inferencias, no es así. De hecho, a raíz de una inferencia cometida, es que meditó sobre ellas y escribe estas pocas líneas, con la promesa de adentrarse más en el tema en próximos post.
Si le preguntan cómo correrlas a un costado, como deshacerse de ellas, no sabría contestarle por sí mismo, solo les diría lo que dice o recuerda su colega, en el arte de la capacitación, el Lic. Juan José Albanese:
“Vuélvanse preguntones y no jueces”
Las inferencias son aquellas novelas que nos armamos con un par de datos, con el título de la película o del libro, sin ni siquiera ojear el prologo, el estudio preliminar o la crítica de la pagina de espectáculos. Au...nque también habiendo hecho estas cosas no podemos definir plenamente un juicio sin ver la película completa, solo lo haremos sobre la temática y quizás descartemos algo que nos gustará, y mucho, solo con unos datos.
Lo grave es que con las inferencias y las novelas que nos armamos en nuestra cabeza, producimos daño, agraviamos, herimos, difamamos, matamos sin disparar un solo tiro, sin clavar un solo puñal.
¿Saben a quién perjudicamos más? A nosotros mismos, porque nos lastimamos a nosotros mismos, nos armamos cada tormenta en nuestra cabeza y sufrimos tanto y muchas veces al balde, porque no siempre lo que inferimos es lo que sucede, muchas veces solo acertamos un mínimo porcentaje y el resto fue pura imaginación.
La injusticia que cometemos con las inferencias pueden ser atroz, pueden causar mucho daño, pueden incluso negar una posibilidad de progreso a una persona.
En la gestión diaria, en la vida diaria, en las relaciones humanas las inferencias están permanentemente y con ellas el dolor, la angustia, las heridas, las injusticias, los nervios, las depresiones, los llantos….
Las inferencias son parte natural de nuestro ser, pero si no las manejamos ellas pueden matar y matarnos. Si no hacemos un control racional, si no nos las corremos a un costado y dejamos que nos sorprendan, aunque a veces confirmemos con dolor lo que inferimos, sufriremos demasiado y haremos sufrir por injusticias que hemos cometido en nuestros pensamientos.
Demos una oportunidad y no nos preocupemos hoy si mañana nos haremos malasangre, quizás el dolor no llegue y por el contrario si el festejo.
No crean que quien escribe esto está exento y libre de las inferencias, no es así. De hecho, a raíz de una inferencia cometida, es que meditó sobre ellas y escribe estas pocas líneas, con la promesa de adentrarse más en el tema en próximos post.
Si le preguntan cómo correrlas a un costado, como deshacerse de ellas, no sabría contestarle por sí mismo, solo les diría lo que dice o recuerda su colega, en el arte de la capacitación, el Lic. Juan José Albanese:
“Vuélvanse preguntones y no jueces”
Lic. Marcelo e. Grecco
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