Mi colega en el desafío de las capacitaciones y amigo
el Licenciado Albanese, me enseño hace un tiempo que es distinta la mirada que
se tiene de la vida cuando frente a las dificultades, las transforma en desafíos.
Para mí las cosas son lo que son,
independientemente de nuestro sentir y observar, esto es no creo que las
esencias de las cosas cambien frente a una palabra, pero si el poder de la
palabra nos ayuda a ver las esencias de una manera o de otra, nos ayuda a
enfrentar las situaciones de la vida. La palabra es realmente transformadora de
conductas y acciones. Una silla tendrá
la misma esencia, será tan incómoda siempre, pero si me la ofrecen de
una manera amable y me hacen ver la incomodidad de otros bancos y sillas peores
es probable que la sienta incomoda pero no tanto. Por eso, es totalmente cierto
que la palabra no sacara el dolor, pero si te puede ayudar a no sufrir o sufrir
bien.
Teniendo en cuenta lo dicho y
volviendo a lo que me enseño mi amigo Juan, que hoy quiero reflexionar con
ustedes, veamos cómo nos cambia de perspectiva el usar la palabra desafío en lugar de difícil.
Veamos, entonces, que me denota la palabra difícil, en que me hace pensar. Se me ocurre que en el
camino de la vida se levanta un muro de 50 cm de ancho, por más de 10 m de
altura, de cemento concreto, me
obstaculiza el horizonte y para derribarlo necesito demasiadas herramientas,
demasiadas ayudas, pequeñas y muchas cosas que me sacan fuerzas para
derribarlo, además si hay otras alternativas en donde no está el muro de lo difícil,
más allá de un horizonte menos bellos, entonces, ¿para que atravesarlo?
En cambio la palabra desafío me
denota algo muy distinto, el camino está totalmente abierto, podemos ver el
horizonte, quizás difuso, pero lo vemos, claro que no es un camino recto, sino
una cuesta más o menos empinada, con más
o menos obstáculos, es probable que también necesitemos ayuda para superarlo,
pero de alguna manera nos atrae, nos llama y no nos espanta.
Lo difícil nos asusta, el desafío
–no sin ausencia de miedos- nos motiva. La visión de un horizonte, aunque
difuso, nos atrae a alcanzarlo, el no
verlo, el no saber hacia dónde vamos o que nos puede pasar después nos frena.
En ambos hay un ejercicio de la
libertad, en ambos un proceso de decisión, siempre soy yo el que elige o no
afrontar el desafío o la dificultad. Pero en el desafío soy, por así decirlo,
más libre para decidir, tengo mayores herramientas que me permiten una decisión
más certera, o –permítanme que lo diga así- más libre.
¿No cambia totalmente la
perspectiva?
Y este cambio de perspectiva no
solo la debemos asumir en nuestra vida, sino además podemos ayudar a otros a
cambiar esta visión y este es el gran desafío para quienes pretendan ser líderes.
¿Qué te parece, cambiamos lo
difícil por lo desafiante?
Lic. Marcelo Eduardo Grecco
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