miércoles, 30 de diciembre de 2015

La Asertividad en las Comunicaciones

La asertividad en las comunicaciones suele plantearse para los mensajes que no son tan agradables. Ser asertivo es un desafío para el desarrollo de toda la comunicación sea una mensaje positivo, sea un mensaje negativo.
Asertividad en la comunicación es elegir el canal y el código más adecuado que permita el desarrollo de la misma en un marco de respeto hacia uno mismo y hacia quien es el o los receptores del mensaje.
Efectivamente, poder ser asertivo al momento de comunicarnos nos garantiza la efectividad de la misma, ya que la idea es que el mensaje sea conocido de modo que la no expresión no nos dañe y que expresión del mismo tampoco nos dañe, ni hiera al otro.
Ahora bien y a raíz de una conversación que tuve pude meditar sobre los filtros que ponemos con la escusa de “no herir” y que muchas veces pueden causar más daño, sobretodo en el desconcierto o en las inferencias que generan los mensajes ambiguos.
La asertividad es pues una de las herramientas que ayudan a mejorar la comunicación tanto en lo laboral como en lo personal, pero no es algo que se logra asi muy fácilmente, no es una cuestión mágica, es una virtud que implica el esfuerzo, el habito de pensar, de discernir, de evaluar cada uno de los mensajes que queremos emitir.
Para ser asertivo debo considerar:

1- El mensaje en si, lo quiero, necesito, es preciso y justo decir para mi bien y para el bien del otro
2- El Contexto: todo aquello que rodea la comunicación: Lugar. Circunstancias, antecedentes, etc.
3- Las características del destinatario
4- La elección del canal y código correcto

Una forma de ser asertivo es que pasemos por el tamiz de las tres rejas, según el cuento anónimo, cerremos entonces este post, con este cuento:

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a su casa y le dice: 
-Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia... 
-¡Espera! -lo interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas? -preguntó su discípulo.
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? 
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario... 
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? 
-A decir verdad, no.
-Entonces... -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.


Lic. Marcelo Eduardo Grecco


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