La frase que nos sirve de titulo para el post, la
venimos usando hace algunos años en los
cursos que dictamos en la empresa que trabajamos, quien la ha colocado en el
material lo ha hecho a sabiendas de que en ella se expresa la clave para poder
mejorar las relaciones interpersonales. Entender que las personas son como son
y que eso está fuera de nuestro control e incluso a veces de ellos mismos, es
un paso muy importante para poder mejorar las relaciones, para evitar los
enojos, las inferencias, las angustias sin resolución, etc., etc.
Ciertamente muchas veces nos enojamos, hacemos
inferencias e incluso nos angustiamos frente a actitudes, silencios, formas de
expresar emociones de las personas con quienes nos interrelacionamos, e
intentamos buscar un porque ellos no reaccionan como nosotros, o mejor dicho
como nosotros queremos que reacciones, que muchas veces ni siquiera es como
nosotros reaccionaríamos.
Una de las cosas que son evidentes, pero que sin
embargo nos cuesta hacerlas consciente, es el hecho de que cada uno de nosotros
somos únicos e irrepetibles, totalmente distintos, por eso frente a situaciones
similares actuamos diferentes, nos expresamos diferentes. Pero hay algo más también
las personas vivimos en un espacio del tiempo que no es rutinario, día a día
nos pasan diferentes cosas que alteran muchas veces nuestras reacciones.
Saben, se han podido estandarizar procesos,
formularios, pero nunca podremos estandarizar las respuestas emocionales de las
personas y esto es simplemente porque somos humanos. No todos pueden expresar
su amor o pedir perdón de la misma manera, es probable que cuando se utilizan formulas no siempre sean
realizadas como expresión de un sentimiento verdadero, sino es una simple
expresión social: “Mi más sentido pésame”, “te acompaño en el sentimiento”,
etc. Estas respuestas son dichas sin un contenido esencial, quizás el abrazo
fuerte, el apretón de manos, el silencio, la mirada que trasmite paz, nos hace
sentir el verdadero y profundo sentimiento de acompañamiento que estas palabras
acartonadas.
Esperamos que la gente reaccione como nosotros
queremos y cuando esto no ocurre nos enojamos, nos disgustamos, nos angustiamos….
La clave está en entender que las personas son distintas a nosotros y ni
siquiera ellos manejan como ser, como no lo hacemos nosotros, hasta no hacerlo
consciente y comenzar un lento y arduo trabajo de cambio. Porque la mayoría de
las veces somos como podemos ser, con las armas que nos han dotado, con nuestra
cultura, con nuestra formación, nuestra educación, nuestra historia, nuestras
experiencias, etc.
Entender a las personas es un gran desafío, un
camino que empieza por la escucha activa. Entender, descubrir que están
viviendo los otros y desde donde reaccionan y porque reaccionan de esta manera.
Conociendo esto podemos expresar nuestras
coincidencias o disidencias, nuestros acuerdos y desacuerdos, pero a la vez
comprender que piden perdón a su manera, demuestran su amor, su enojo como
pueden.
Seguramente este post podría ser ampliado, pero me
parece que es un puntapié inicial en la reflexión y en el empezar a trabajar en
pos del bienestar. Un último párrafo para el liderazgo, para los líderes.
Estoy convencido que si logramos entender esto, es
probable que demos un paso sumamente importante en el modo de relacionarnos con
los demás y en esto quienes aspiran al liderazgo, deben dar cátedra con el
ejemplo, en sus intervenciones en las relaciones con su equipo. Un líder debe
actuar sabiendo “que las personas son como pueden ser y no como nosotros
queremos que sean”.
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