Trabajo en Equipo: Un largo Camino de Aprendizaje
Solo unos minutos para
reflexionar sobre un tema clave en los ámbitos laborales y, lamentablemente muy
ausente, aunque declamado en alta voz tantísimas veces, me refiero al “Trabajo
en Equipo”, un desafío en las organizaciones y en la vida personal.
Los equipos son mucho más que un título
que se le da a un grupo de personas trabajando juntos, es un grupo de personas
que unen sus trabajos, los suman y los multiplican, los hacen coordinamente en
un marco de confianza y compromiso en pos de un objetivo común.Un “lugar” donde
las se potencian las competencias de cada miembro en pos de un objetivo, de una
meta, de un resultado común
Pero somos humanos y uno de los desafíos que
tienen los miembros de un equipo es superar el momento cuando los egos aparecen,
se potencian y nacen los problemas de cartel, que generan las desconfianzas y
destruye toda idea de equipo.
Cuando esto pasa, el equipo entra
en terapia intensiva, en un estado de muerte cerebral.
¿Por qué? Entran a jugarse muchas cosas que no
permiten ampliar las visiones, se pierden opiniones valiosas, que son
descalificadas, se oculta información sólida y básica, necesaria para el
desarrollo de los trabajos, se buscan las “primicias”, se quieren imponer ideas
en lugar de ponerlas en el bols como un ingrediente más del preparado, así la
competencia se come los buenos resultados, se destruyen las relaciones
interpersonales y aumenta la desconfianza.
Claramente la base fundamental de
toda relación humana es la confianza, el nivel de confianza que debe tener el
grupo para ser un equipo es demasiado alto, recordemos que el grupo llega a ser
equipo cuando ha alcanzado cierto grado de madurez y en ella la confianza ha
emprendido un duro y profundo asenso, pero que esta siempre al borde de un
precipicio en razón de nuestra naturaleza humana que siempre nos sorprende.
Digamos, entonces, que un equipo
necesita de confianza, generosidad, compromiso, entrega. Necesita del despojo
de los egos, necesita de una escucha entre los miembros, una escucha activa y
constructiva, de comunicación asertiva y que el objetivo principal sea el
objetivo común, que los objetivos particulares de cada uno de los miembros –
que siempre existirán – deben quedar subordinados al resultado esperado de la
acción para la que se formó el equipo, cuando esto es al revés, simplemente no
hay equipo, por más título pomposo que le pongamos.
El desafío de esta nota no era
profundizar sobre el trabajo en equipo, solo reflexionar e invitarte a que te
preguntes sobre tu actitud en los equipos a los que perteneces, si ayudas a que
sea un equipo o a que sea un mero grupo realizando un trabajo. Seguro nos será
muy fácil encontrar en los otros estos problemas que matan al equipo, pero muy difícil
hacernos cargo de cuando nosotros generamos los obstáculos. Pero ojo que ni
nosotros, ni los otros, en la mayoría de los casos, ponemos estos obstáculos con
intención de que lo sean (mala leche, dirían en el barrio), sino simplemente
porque somos humanos y es por eso que nos cuesta tanto darnos cuenta, y ese
darnos cuenta es el primer y más valioso paso para cambiar la situación.
No me pidan una receta, pero
quienes lideran grupos que quisieran que sean equipos, pero puedo decir que
deberán trabajar más sólidamente en ir permitiendo a las personas a “darse
cuenta” de sus aportes valiosos y sus obstáculos. La comunicación debe ser
clara, el reconocimiento parejo, el “nosotros” debe reemplazar al “yo” en los
logros y yerros, aunque los aportes deben ser valorados no para el “cartel”
sino para el análisis y puesta en común de las ideas y trabajos. En fin
trabajar en equipo es un largo camino de aprendizaje que se renueva cada día.
No sé si estarás de acuerdo, no
espero que lo estés, por el contrario, me encantaría que pudieran disentir y
ayudarnos a crecer con los aportes que cada uno estime conveniente.
Gracias
Lic. Marcelo Eduardo Grecco
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