En el
arte del diseño de las capacitaciones organizacionales, la experiencia me ha
demostrado y creo compartir con mis colegas esta apreciación, que la clave para
un buen diseño está en las primeras definiciones, que se realizan previamente
al diseño mismo. Son los primeros momentos fundamentales para el desarrollo de
un buen diseño, esos primeros acercamientos con el cliente o con el área
solicitante.
En ellos, se ponen los fundamentos del diseño pedagógico,
que es como la columna vertebral de todo proyecto de aprendizaje y que está
marcado particularmente por los Objetivos en sus tres niveles, que son el GPS
de nuestro trabajo.
El diseño pedagógico, tal como lo entiendo yo, refiere
esencialmente al esquema de la Capacitación:
1. Objetivos
2. Alcance (Quienes son los colaboradores destinatarios de
la Capacitación)
3. Modalidad
4. Tiempos
5. Contenido (Esbozo de títulos por ahora)
6. Secuencia pedagógica (Orden del Contenido)
7. Definición de metodologías (elección de metodologías
posibles para cada uno de los contenidos a trabajar)
8. Modalidad de Evaluación del aprendizaje y de la eficacia
Algunos de estos puntos son inamovibles, una vez definidos,
otros son más flexibles y permiten ajustes con el diseño didáctico e incluso
con el desarrollo de las actividades. Esencialmente los más importantes son los
objetivos y la modalidad de evaluación.
Con respecto a los contenidos se debe definir prioridades,
de acuerdo con el impacto que cada uno tiene en el resultado final. Algunos son
claves y no pueden obviarse por ningún motivo, otros son secundarios y pueden
no ser tratados en la actividad, pero formar parte del material de lectura o
incluso incorporado como material adicional.
Estas definiciones claves son, por así decir, la piedra
fundamental donde se asienta toda la actividad y el aprendizaje mismo. Ella
debe ser lo suficientemente sólida para sostener el proceso de aprendizaje. Por
eso acordar con el área requirente los puntos claves, es esencial.
Aclaremos que el objetivo de este artículo es
trabajar la “capacitación a demanda” fundamentalmente y dejaremos para el final
algunas consideraciones básicas sobre la “capacitación en oferta”, la cual
esperamos tratar de manera más.
La indagación debe versar sobre los indicadores por los
cuales se determina que existe una brecha de desempeño, que el aprendizaje
puede ayudar a cubrirla. Deberá evaluarse si la misma es sobre desempeño actual
(por ejemplo: bajo cierre de ventas) o es un requerimiento para una nueva
implementación y, entonces, hay que tener claro cual ha de ser el aporte de la
capacitación a esa implementación. Quizás la primera pregunta sea sobre
cuáles son los motivos que determinaron que el área de aprendizaje o nuestra
consultora puede ser de ayuda para atender esas brechas y la respuesta debe
estar fundamentada en información concreta.
Créanme, muchos tienen la palabra capacitación, como la
primera respuesta a todo problema, para ellos la capacitación es como el ibuprofeno
que “todo lo resuelve”, pero que en realidad no resuelve nada1. No hay magia en
el aprendizaje, no atiende síntomas y si lo hace no resolverá el problema. Por
eso para que el diseño sea lo más efectivo posible es necesario un trabajo
profesional que vaya a la raíz, a la causa del problema y que evalúe si el
proceso de aprendizaje puede o no contribuir, tratando de despejar o descubrir
cuales son los condicionamientos externos al aprendizaje para que la
contribución sea efectiva. La capacitación nunca será la respuesta total.
Políticas, acompañamiento con decisiones, mercado, cuestiones económicas, etc.,
tienen un papel de obstáculos o de facilitadores de la aplicación del
aprendizaje y hay que tenerlos en cuenta y ponerlos sobre la mesa a la hora de
conversar con las áreas y llegar a acuerdos.
La indagación debe avanzar todo lo posible, para entender
si la brecha es porque las personas no saben (conocimiento), no pueden
(habilidades u otras limitaciones no vinculadas al aprendizaje) o no quieren
(actitudinal, motivacional). Tres preguntas clásicas, inmortalizadas por los
grandes de la formación organizacional.
De esta manera se estructuran primero los objetivos, que
se dividen en:
1-Generales (el porqué de la necesidad de aprendizaje).
2- Aplicación (que se espera de los colaboradores en la
tarea)
3- Aprendizaje (que se espera que asimilen en la
capacitación)
Este sería el primer acuerdo con el área, sería como el “contrato inicial”, sobre el que se desarrollará todo el diseño posterior.
Eficacia de la Capacitación
Al hablar de eficacia de las acciones de capacitación,
nos referimos a la aplicación de los aprendizajes trabajados, en la tarea
cotidiana de los colaboradores. Por eso esta no puede medirse de cualquier
manera y deben definirse de manera clara, sobre todo en la metodología y los
instrumentos que se utilizarán para la evaluación, y esta definición no debe
hacerse al final, sino en esta previa del diseño.
En el caso de la eficacia está ligada a los
“objetivos de aplicación” de las actividades y, sin duda, son los indicadores
que se utilizaron para definir la necesidad, quienes brindarán la información
que permitirá el análisis y la evaluación. Sin indicadores claros, no puede haber evaluación de eficacia,
valga la redundancia, eficaz.
Esta evaluación es mucho más que un formulario que
pregunte sobre si la persona aplicó lo aprendido en la tarea, con una respuesta
que tenga dos opciones “sí” o “no”. De esta manera solo se genera una respuesta
casi automática, sin sustento, sin fundamento y se transforma en un trámite
burocrático, desvirtuando así la evaluación y desperdiciando recursos. Quieren que les diga, si la hacemos así, será
mejor no hacerla.
Hay que indagar siempre en relación con esos indicadores
iniciales, de lo contrario podemos encontrar respuestas sobre que la
capacitación no fue eficaz dado que la persona había estado ausente, por una
“licencia médica” o de “ART” o cuestiones más relacionadas a actitudes que a
los temas propios del aprendizaje. Puede ocurrir también que la afirmación de
que ha sido eficaz no sea fruto de un estudio de indicadores, sino simplemente
una consulta al colaborador: “¿Aplicaste algo del curso?”. Y te sale con un:
“Si, estuvo genial”, sin justificación de cómo y que mejoras consiguió con la
asimilación y puesta en práctica de lo trabajado.
No, colegas amigos, la evaluación de la eficacia debe
estar atada a los mismos indicadores analizados y que determinaron la necesidad
de la capacitación, por tanto, la indagación debe estar en línea con ellos. Lo
que ayer estaba mal, hoy debería estar mejor.
Pero ¡cuidado! Esos indicadores deben analizarse en un
contexto profundo, no con los números fríos de los informes y probablemente
haya que cruzarlos con otros indicadores, para poder determinar lo más exacto
posible si hubo mejora y cuál fue el aporte de la capacitación y si no,
analizar y ver si se deben a faltantes o errores en el diseño o a otras
cuestiones no relacionadas con la actividad brindada.
No se puede ni festejar los éxitos, ni llorar los
fracasos. Hay que evaluarlos en todo el contexto, para saber si hay otras
variables (incluyendo el contexto externo) que no se han trabajado y que nada
tienen que ver con la capacitación, pero que afectan el resultado.
Se me ocurre, por ejemplo, que el cierre de ventas no
mejora, los niveles de consulta crecen, pero no se cierran operaciones. En el
análisis de cruces con otros indicadores propios y del mercado, nos damos
cuenta de que el fenómeno no es atribuible a la “ignorancia”, permítanme
decirlo así, o inhabilidad de los vendedores sobre como cerrar una operación,
si no que observamos que hay una situación de mercado que hace que la gente
consulte y no compre. Por ejemplo, por definiciones económicas2, que no se dan
desde los gobiernos o simplemente porque la compra es aspiracional (esperan
poder hacerlo), pero totalmente inviable para ellos en lo inmediato, pero
esperan hacerlo a mediano y a largo plazo, en la indagación observamos que la
competencia tiene los mismos inconvenientes, ergo no es un fallo en la
capacitación, sino un problema de mercado, que por más ajustes que hagamos no
lograremos un cambio significativo, porque nos excede.
Capacitaciones En Oferta
Un último párrafo merece el diseño de “capacitaciones en
oferta”, aunque le dedicaremos otro post aparte. La idea de oferta no trabaja
directamente con brechas en los desempeños personales o de sector, ya que
el universo es más amplio, puede estar dirigido a todos los colaboradores e
incluso ampliado a familiares de estos o hasta clientes o proveedores. Aunque
digamos, por ahora, que no deberían estar ausentes, los objetivos
organizacionales en la elección de los temas a ofertar. En la previa al diseño
de estas capacitaciones, también se deben definir objetivos concretos, por lo
menos generales y de aprendizaje y, si me apuran, también de aplicación por lo
menos para quienes puedan aplicarlo en sus tareas cotidianas.
Conclusión
Recapitulando, la efectividad de un diseño de
capacitación requiere de una buena previa, esto es un buen diagnóstico y una
definición clara de los objetivos, sobre los cuales se definirá el temario, la
estructura y la secuencia pedagógica, las metodologías y didácticas más
adecuadas y los procesos evaluativos de la actividad y de la aplicación de los
aprendizajes en la tarea (eficacia).
Una buena previa garantiza solidez en el diseño.
Te leo en los comentarios.
Lic. Marcelo Eduardo Grecco
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