Hoy quiero hablar de los profesionales de Recursos Humanos. Previamente voy a hacer una aclaración respecto a lo que entiendo con “profesionales”, pues con ello no me refiero a quienes poseemos un título intermedio, universitario o de posgrado, sino a todo aquel que ejerce su trabajo “con capacidad y aplicación relevantes”[1]. Sin duda, quienes acceden a una educación superior tienen mayores herramientas para desarrollar sus tareas y crecimiento profesional, pero no menos cierto es que esas herramientas sin una mirada práctica pueden ser inefectivas, acarreando inconvenientes al usarse incorrectamente, sin una mirada de la realidad y el contexto que nos toca vivir.
No se trata de “hacer lo que dicen los libros”, como dijo alguien hace poco y está haciendo estragos. Se trata de un discernimiento, de una mirada estratégica y sobre todo de un accionar prudencial, que nos permite actuar de la manera correcta, en el lugar adecuado y en el momento preciso. Este accionar y mirada estratégica forman parte de una acción práctica, que se va desarrollando a través de los años. La última cátedra de cualquier carrera es la experiencia. Muchos nos hemos formado con maestros en la oficina, que no poseían título alguno. Ellos, consciente o inconscientemente, traspasaron su sabiduría y nos ayudaron a la formación como profesionales, desarrollando las capacidades o competencias necesarias para la desafiante tarea de trabajar en Recursos Humanos.
Más allá de las competencias técnicas, hay otras que son fundamentales en la gestión dentro del área. Ellas fueron las primeras enseñanzas que me dejaron algunos profesores claves de mi carrera, pero que pude comprobar con el tiempo, en mi vida profesional. Cuatro claves, cuatro acciones, cuatro virtudes fundamentales, que no pueden estar ausente en la persona de Recursos Humanos:
Conciencia de que Trabajamos con y hacia las personas
Cursaba la licenciatura y entre mis compañeros había un hombre que venía de las finanzas, entonces el profesor le preguntó: “¿Por qué querés pasarte a Recursos Humanos, los números no contestan?”.
Otro profesor al principio de la carrera, si no me equivoco a la tercera clase de su catedra de Relaciones Industriales, nos dijo: “Si ustedes no quieren problemas, cambien de carrera”.
Estos dos comentarios, que parecían extraños en ese momento, fueron madurando y a más de veinte años de recibirme, quedaron grabados en el ejercicio de la profesión y en la interacción con los colegas del área.
El desafío de trabajar con personas es enorme y a la vez hermoso, es cambiante y con problemáticas diversas, que nos sorprenden todos los días. Trabajar con personas implica, trabajar con seres vivos que tienen inteligencia, voluntad y emocionalidad. Capacidad de conocer y aprender, capacidad de decidir y también tienen “pasiones”, como llamaban los clásicos, que hoy se llaman emociones, que afectan en forma positiva o negativa su conducta y decisiones. Además, las personas son seres sociales o dicho de otro modo tienen una vida, de la cual el ámbito laboral forma parte y que, hay que decirlo, en las nuevas generaciones le prestan más atención, la relación vida - trabajo está más equiparada. Toda lo que pasa en la vida afecta las emociones y ellas las decisiones y las conductas de cada ser humano.
Esta complejidad, hacen de las personas un misterio único e irrepetible, que es necesario conocer y comprender, hasta donde podemos comprender. Esto nos ayuda cuando trabajamos sobre la motivación, porque ella refiere a mover la voluntad hacia el objetivo deseado, en el caso laboral buscar que las personas muevan esa voluntad hacia los Objetivos de la organización. Sin duda, las “motivaciones” son distintas para cada persona y en cada momento de su vida. Esas pasiones, esa vida social, su capacidad de conocer mueven a tomar decisiones, que no es otra cosa que mover la voluntad.
Es clave para Recursos Humanos comprender que cada persona es un misterio en sí mismo, único e irrepetible; finito y prescindible, con una dignidad que anteceden sus conductas, decisiones y competencias que son fruto de su conocimiento y experiencia. Hay una realidad que nos ayuda a comprender, o por lo menos acercarnos más a este misterio. Las personas son como pueden ser, no como nosotros queremos que sean y muchas veces ni como ellas quieren ser.
Un misterio de una vida que excede la organización, que se ve afectada por las emociones o pasiones de cada una de las personas que trabajan con ella. Estas emociones interfieren directamente en las decisiones de las personas y pueden ser facilitadoras u obstaculizadoras de la mejora en los desempeños. Cada persona tiene una vida, de la que el trabajo forma parte de ella, no son dos vidas distintas y por más esfuerzo que se haga, no siempre es posible separar las vivencias entre lo laboral y lo extra - laboral.
Miren, el perchero no existe en la puerta de la organización, la persona no puede colgar su vida extralaboral, no puede dejar todas las dificultades, las alegrías de la vida cotidiana y revestirse de empleado, puede ponerse el uniforme, pero no transforma su interior.
Ciertamente, en una plantilla de cincuenta personas, hay cincuenta realidades de vida muy distinta, cincuenta historias de vida muy diferentes, cincuenta realidades fuera y dentro del trabajo, donde también experimentan emociones positivas y negativas, actitudes que suman y otras que no ("tóxicas") hay edades distintas, vivencias distintas. Esta diversidad también influye en los otros, por lo que afecta a las emociones de cada uno de los miembros del grupo y sacan lo mejor y lo peor de ellas. Solo las personas que han educado ciertas virtudes como la templanza o la prudencia salen mejor paradas en ciertas situaciones.
Les recomiendo si viajan en un medio de transporte, vean los rostros de sus compañeros de viajes, observen sus movimientos, sus vestimentas y descubrirán, aún con un gran velo, tantas realidades distintas como personas viajan. Una sonrisa, una lágrima, una cara de preocupado, un aislado del mundo, aquel que busca conversación con todos, etc., etc... Pues lo mismo pasa en el ámbito laboral, cada uno es una persona y llevan su vida atrás o mejor dicho encima, como decía mi padre. Cuanto más canas se peinan o tiñen, más historia hay detrás, más entusiasmo, más desilusiones, más experiencias positivas o negativas se viven y afectan a la persona en lo personal y también en ámbito laboral.
La persona de Recursos lidia con estas situaciones todos los días y las debe encauzar en favor de que se pueda cumplir, alcanzar los objetivos de la organización, interviniendo directamente o a través de las personas que tienen a cargo los grupos.
Sin duda, la persona de Recursos Humanos debe ser la mano que se extiende, el oído que se presta, más allá de la estricta función y a veces, como consecuencia de ella misma y sin contradicción con lo que ella le exige.
Tengan por cierto que esa mano y ese oído, genera un cambio. No olvidemos que, por encima de las actitudes, de las competencias, está la dignidad de la persona, la que obliga moralmente a atender, o mejor dicho a conocer, con calidez las necesidades de las personas. Es esta misma dignidad la que obliga a elegir el mejor modo de comunicar decisiones que nos exceden, de corregir los errores, de anunciar cuestiones dolorosas, como por ejemplo un despido.
Toda la organización, pero especialmente la persona de Recursos Humanos debe recordar siempre que no trabajamos con números de legajos, sino con personas, con todo lo que ello implica, el objeto de nuestro trabajo es el hombre en el trabajo, con todo el misterio propio del ser humano.
El profesional de Recursos es quien conoce como nadie que la persona es un misterio y debe hacer conocer a todos esta realidad, en especial a quienes tienen funciones de gestión, con personas a cargo. Este misterio nos enfrenta a un enorme y hermoso desafío, que nos saca permanentemente de la rutina o que no nos deja entrar en ella, en especial aquellos sectores de recursos que están en la trinchera.
La confidencialidad una virtud infaltable
El otro consejo que nos dio el profesor de Relaciones Industriales, fue mucho más que un consejo, fue una norma de vida para el área de Recursos Humanos. Aquel profesor nos ponía en alerta de que debíamos vivir la confidencialidad como valor esencial. Como nadie en la organización, el profesional de Recursos Humanos maneja datos sensibles de las personas. No solamente datos duros o personales, sino datos que hacen a las vidas de las personas, tanto en la organización como en la vida social. Toda la información que manejamos por muy irrelevante que parezca, siempre es confidencial y no debe salir del área e incluso dentro del área debe ser restringida al sector o incluso a algunas personas muy puntuales, que deben manejar la información.
Miren, a veces un dato que se comunica a Recursos Humanos, por temas legales, por ejemplo, un embarazo, por razones muy diversas no se desea comunicarlo a sus compañeros del sector y nosotros debemos respetar esa decisión. No somos dueños de la información, somos administradores y custodios. Una persona de recursos humanos que no tenga como virtud la confidencialidad, está lejos de ser un profesional y debería plantearse la necesidad de cambiar de lugar y, aunque suene cruel, sus superiores deberían plantearse si esa persona está en el puesto que debe estar. Por más conocimiento de sistemas, de leyes, etc., si no es un virtuoso en la confidencialidad, esa persona no debe estar en Recursos Humanos.
Debemos tener claro que tener esta virtud nos hace más confiables y hace más confiable al área. Si nosotros somos los primeros en ser “radio pasillo”, nadie confiará en nosotros.[2]
Ejemplaridad
Hablamos aquí de tener la cualidad de ser ejemplar. Si algo he aprendido es que, el profesional de Recursos Humanos tiene siempre que dar el ejemplo. Hay licencias en la vida laboral que a la persona de Recursos ni se le pueden pasar por la cabeza, aunque quizás la lleven adelante en otros sectores.
La primera autoridad que debe tener el profesional de Recursos Humanos es la autoridad moral y es solo posible, si es el primero en cumplir las reglas.
Nadie lidera verdaderamente, sin ser ejemplo verdadero y ser ejemplo es ser virtuoso en el ámbito del trabajo. Ser ejemplar es ser congruente y tratar de serlo siempre, exigirse a sí mismo más de lo que se exige a los otros.
Tener una mirada amplia
Los profesionales, cada vez se han especializado más en las temáticas de sus áreas de interés, han puesto, por así decirlo, un zoom sobre sus saberes y esto ha traído ventajas, pero a su vez algunas desventajas, que solo pueden subsanarse con la idea valiosa del trabajo en equipo, de un trabajo coordinado entre especialistas.
La medicina es un gran ejemplo de esto, pasamos del médico que atendía la totalidad de los problemas de salud, a distintos especialistas que ponen más el foco sobre una parte del cuerpo humano y hasta el clínico hoy es especialista en la totalidad y en saber derivar al especialista correcto. Recursos Humanos, no ha sido la excepción y ciertamente, sobre todo en grandes organizaciones, por eso creo necesario recordar que si hay un profesional en la organización que debe ampliar su mirada y sus saberes, es el de Recursos Humanos.
Tenemos la obligación de indagar sobre las realidades propias de cada área de la organización, no debemos ser expertos en todos los temas, pero si debemos comprenderlos, fundamentalmente porque las personas con las que interactuamos trabajan con ellos y las dificultades que se les presentan, en el ámbito laboral, tienen relación a lo especifico de sus sectores.
Recursos Humanos es como el clínico de la organización, tiene que ver la totalidad de ella y saber coordinar con la línea que es la especialista. En este sentido en el primer lugar donde debemos poner el foco es en otros sectores de Recursos Humanos. Una acción realizada sin analizar la totalidad puede provocar inconvenientes inesperados. Pero también debemos conocer las otras realidades de la organización.
El profesional de Recursos Humanos debe cruzar los límites de su “quinta”, para ir conociendo esas variadas realidades de la organización donde el personal realiza su tarea. Debe usar el drone para salir del zoom de recursos, e ir poniendo el zoom para acercarnos a la realidad de cada sector. Solo metiéndose lentamente en lo específico de las distintas áreas, se puede percibir mejor tanto la cultura organizacional, como las subculturas, las diferentes complejidades y necesidades de las personas en cada sector en particular. Solo conociendo los sectores y las personas se puede realizar un trabajo profesional sobre recursos humanos. Hay que salir de la oficina, hay que salir de nuestra especialidad, para conocer a todos y todo.
La mirada amplia nos permite entender a todos, es un insumo muy importante ante cada decisión que debemos tomar.
El profesional de Recursos Humanos es quien debe actuar como unificador entre áreas y quien debe promover el trabajo en equipo entre las áreas.
Conclusión
Cuatro puntos claves para el profesional de Recursos Humanos, que se precie de tal, porque reiteramos ser profesional es mucho más que tener un título.
Creo que estos cuatro puntos, sobre los que he reflexionado, son prioritarios para el profesional de recursos humanos y no menos cierto, son necesarios para toda persona que tenga responsabilidad de gestión con personas a cargo.
Son competencias esenciales del liderazgo y Recursos Humanos tiene que ser quien lidere las relaciones con las personas, dentro de la organización.
Me gustaría conocer tu opinión, te leo en los comentarios.
Lic. Marcelo Eduardo Grecco
[1] RAE
[2] Dejemos para otro capítulo el uso del rumor como estrategia
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